Artículo publicado en el blog Alterconsumismo el 20 marzo 2014

Que las decisiones de la Unión Europea afectan a la vida cotidiana de sus ciudadanos es algo que no hace falta recordar. Muy especialmente, en los últimos años lo estamos comprobando en nuestro país. Lo que quizá no tenemos tan presente es que muchas de sus políticas también afectan a millones de personas de otros países a través de las relaciones comerciales que mantiene con ellos. Nos lo confirma el hecho de que la economía europea es la mayor potencia comercial del mundo así como el principal importador y exportador de bienes y servicios. Unas prácticas que deberían regirse por los mismos principios que inspiran el resto de políticas comunitarias.

Pero, a menudo, el comercio que desarrolla la Unión Europea se basa en un único criterio, el todopoderoso beneficio económico, cuya consecución se busca aún a costa de la explotación de las y los trabajadores, de no respetar sus derechos laborales, sus formas de vida y de producción, de recurrir a la mano de obra infantil o de la destrucción del medio ambiente.

Se trata de una política comercial que, entre otras consecuencias, está acabando con la agricultura familiar o a pequeña escala tanto en Europa como en los llamados países del Sur, a favor de los intereses de grandes empresas transnacionales. Por otro lado, en el caso de los acuerdos comerciales o de inversión que la UE establece con otros estados, en muchos casos parten de una posición de desigualdad en cuanto al poder y capacidad de negociación, que dejan desprotegida a la parte más débil. Todo ello consolida la diferencia Norte-Sur, o más bien, entre los “nortes” y los “sures” cuyos lugares geográficos cada vez están más repartidos.

Como respuesta a este modelo, la Coordinadora Estatal de Comercio Justo y otras 20 organizaciones europeas estamos pidiendo a los candidatos a las próximas elecciones al Parlamento Europeo que se comprometan con otro planteamiento económico durante la próxima legislatura (Campaña Vote for Fair Trade). Nuestro objetivo es cambiar aquellas prácticas injustas y que perjudican a millones de personas fuera y dentro de las fronteras de la Unión Europea.

Todas nuestras demandas las hemos concretado en cinco puntos: en primer lugar, solicitamos la promoción de una economía más humana que asegure una vida digna para todas las personas que participan en la cadena comercial, sean de donde sean. Asimismo, pedimos que se impulse un marco de acción que haga frente a los abusos de las grandes empresas distribuidoras que, a menudo, provocan violaciones de los Derechos Humanos. Por otra parte, destacamos la necesidad de incentivar a productores y empresas para que desarrollen mercados con criterios de justicia. En el cuarto punto, las organizaciones de Comercio Justo pedimos que la política comercial de la Unión Europea incremente el bienestar económico, social y medioambiental en todo el mundo en lugar de responder a los intereses de los poderosos lobbies empresariales, y que dicha política sea debatida de forma democrática y transparente. Por último, las entidades solicitamos a los candidatos que trabajen para la puesta en marcha de una estrategia europea por el Comercio Justo, en apoyo a este movimiento y sus planteamientos, tal y como ha solicitado el Comité de las Regiones.

En definitiva, dentro de la agenda electoral que se abre ahora en Europa, planteamos la necesidad de abordar estos temas de vital importancia para millones de personas y cuyo cambio de orientación podría lograr otro esquema global. Con este debate queremos trasladar a nuestros representantes lo que ya muchas personas ejercemos en nuestro día a día: nuestro compromiso con el consumo responsable y con otra forma de hacer economía.

Más información de la campaña Vote For Fair Trade: www.comerciojusto.org y http://www.fairtrade-advocacy.org/vote4ft-campaign