El 20 de noviembre es un día importante para la infancia: se celebra el Día Universal del Niño y se conmemoran los aniversarios de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (1959) y de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (1989). La Convención establece una serie de derechos para los niños y las niñas, incluidos los relativos a la vida, la salud y la educación, el derecho a jugar, a la vida familiar, a la protección frente a la violencia y la discriminación, y a que se escuchen sus opiniones.

Las organizaciones de Comercio Justo recuerdan a los consumidores la importancia de conocer las condiciones en las que se elaboran los productos y bienes para evitar la violación de los derechos de la infancia. En la producción de artículos de Comercio Justo no se explota a niños y niñas.

Todavía hoy, según la Organización Internacional  del Trabajo, más del 10% de la población infantil, 168 millones de niños y niñas, trabajan en todo el mundo, lo que perjudica su desarrollo y el ejercicio de sus derechos fundamentales como la educación, la salud o el juego. 

La agricultura es el sector en el que el trabajo infantil está más presente. Seis de cada diez menores se encuentran en este ámbito, esto es, 98 millones. Por regiones, en África es donde la incidencia es mayor ya que trabaja más del 20% de la población infantil, aunque la región del Asia-Pacífico es la que registra un mayor número de niños y niñas trabajadores. Es importante destacar que cerca de la mitad de menores trabajadores, 85 millones, lo hacen en tareas peligrosas para su salud e integridad física y psicológica.

Las consecuencias de la explotación laboral infantil son múltiples y afectan en distintos aspectos el desarrollo de los niños y niñas en todo el mundo.

La cosecha del café es uno de los sectores en los que suelen ser empleados niños. Se estima que aproximadamente un 10% de quienes trabajan en dichas plantaciones son menores de edad. Su número y la dureza de las condiciones de trabajo a las que son sometidos (peor o nula remuneración, tareas ingratas, jornadas de hasta 12 horas) aumentan especialmente durante la época de recolección de las cosechas.

El movimiento del Comercio Justo denuncia esta realidad y establece como un principio fundamental la ausencia de explotación laboral infantil y, por tanto, garantiza que ningún menor realice tareas que afecten a su desarrollo físico, mental, social o espiritual, interfieran en su educación, o se desarrollen en condiciones abusivas o peligrosas.

Por ello todas sus organizaciones están adheridas a la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de la Infancia. Además, muchas de las organizaciones productoras de Comercio Justo llevan a cabo proyectos educativos (escolarización, construcción o mejora de escuelas, becas, etc.) financiados con la prima social, una cantidad extra que reciben para destinarlo a iniciativas comunitarias.

La finalidad del Comercio Justo es combatir la pobreza de los pueblos más desfavorecidos de América Latina, África y Asia. Además de la ausencia de explotación infantil, los otros criterios que lo definen son el pago de un salario adecuado a los trabajadores, el mismo para ellos y ellas por la misma tarea, condiciones de trabajo dignas, y la protección del entorno natural.