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Taller de Solidaridad es una de las importadoras de Comercio Justo creada más recientemente. Distribuye ropa deportiva y otros artículos textiles elaborados en Filipinas, principalmente a centros educativos y equipaciones deportivas.  Su labor tiene también un componente pedagógico y de sensibilización en nuestro país.

Ana Silva nos habla de todo ello en esta entrevista.

¿Cuándo y cómo comenzasteis a trabajar en Comercio Justo?

Nuestra relación con el Comercio Justo viene de la mano de las Siervas de San José, fundadoras de la ONG Taller de Solidaridad. Ellas nos ponen en contacto con pequeños grupos de productores a los que dan apoyo en distintos países de América Latina, África y Asia a los que se les ofrece la oportunidad de adaptar su producción a los criterios de Comercio Justo. De esa idea, nace la importadora de Taller de Solidaridad, en el año 2008.

¿Cuál es la situación de las trabajadoras del textil en Filipinas? ¿Por qué decidisteis trabajar en este ámbito?

En Filipinas, la deslocalización de empresas textiles transnacionales en los años 80, se tradujo en condiciones de precariedad laboral para las trabajadoras de este sector:

salarios bajos, largas jornadas de trabajo, metas de producción excesivamente elevadas, economía informal, falta de seguridad laboral y otras irregularidades a las que se suman casos de abuso verbal y físico a las trabajadoras por parte de los patronos de las fábricas.

Las Siervas de San José fueron conscientes de esta realidad y quisieron dar respuesta a esta situación, que también se producían en otros sectores, como el de la electrónica. Fue entonces cuando fundaron los Talleres de Nazaret como una alternativa de trabajo para mujeres en situación de vulnerabilidad. Cuatro de los seis talleres que se crearon son talleres textiles que, además de trabajo, ofrecen formación y apoyo a las trabajadoras.

¿Cómo son las mujeres que trabajan en los Talleres de Nazaret? ¿a qué problemas o situaciones se enfrentan?

Algunas de estas mujeres son jóvenes sin recursos económicos para poder estudiar, otras son mujeres que han tenido dificultades para encontrar empleo debido a la desigualdad de oportunidades o a la discriminación que sufren algunas como consecuencia de discapacidades físicas o psíquicas. Otras han sido explotadas en distintos sectores de la economía. En algunos casos se trata de mujeres que han dejado a sus familias en las zonas rurales con la esperanza de encontrar un futuro mejor en las ciudades. La mayoría son madres de familia que carecen de ingresos suficientes para vivir.

¿Nos podrías hablar de alguna trabajadora en particular? ¿Cuál ha sido su historia?

La historia de Angelie ejemplifica la de muchas de sus compañeras. Creció en Mindanao. Su madre era costurera y su padre un campesino alcohólico. Eran pobres y no podían costearse los estudios de su hija. Angelie se trasladó a Manila muy joven para buscarse un futuro. Trabajó durante casi un año en una fábrica de exportación textil. Sólo colocaba etiquetas. Nadie le enseñó a usar la máquina con la que hacía esta tarea. Trabajaba muchas horas y recibía un pequeño salario.

Una de sus abuelas conocía la labor de los Talleres de Nazaret que en ese momento necesitaban una costurera. Le hicieron una prueba, donde le pidieron que cosiese una muestra. Dice que no colocó la cremallera donde correspondía pero que se sintió orgullosa pues fue la primera vez en la que se puso a prueba.

Empezó a trabajar en el taller de Mandaluyong, donde lleva más de 15 años como responsable de producción. Dice que esta experiencia transformó la percepción que tenía de sí misma.

No pudo terminar sus estudios pero se siente una persona preparada y competente.

¿Qué aportan los Talleres de Nazaret a las trabajadoras? ¿Qué cambios se producen en la vida de estas mujeres cuando comienzan a trabajar en los Talleres de Nazaret?

Las Talleres ofrecen un salario digno, en ocasiones, por encima del salario mínimo del país y unas condiciones de trabajo seguras donde los derechos sociales como vacaciones, permisos de maternidad y paternidad, permisos para padres y madres con hijos dependientes a su cargo etc, están garantizados. Además, ofrecen ayudas para la compra de arroz (alimento fundamental en la dieta filipina), programas de ahorro para la compra de medicinas, ayudas a la vivienda, programa de becas de estudio…

Trabajadoras en uno de los Talleres de Nazaret en Filipinas.

Uno de los últimos proyectos apoyados por Taller de Solidaridad fue la construcción de una guardería junto a uno de los talleres, para que las madres trabajadoras pudiesen conciliar mejor su vida familiar.

Hay un buen ambiente de trabajo, existe el compañerismo y se nota en el equipo.

Todo ello es beneficioso para el desarrollo laboral y personal de las trabajadoras, que ganan autonomía y se sienten más seguras. Su autoestima mejora porque se sienten valoradas.

¿Cómo surgió la idea de crear la marca de ropa deportiva Hecha con Amor?

Los Talleres de Nazaret confeccionan uniformes escolares para centros educativos de Filipinas.

Pensamos en apoyarlos a través de una línea deportiva, la primera en Comercio Justo, que les permitiese contratar a más personas a la vez que nos servía en España como herramienta de sensibilización sobre derechos humanos, consumo responsable y Comercio Justo.

¿Quiénes son vuestros consumidores? ¿Centros educativos? ¿Equipos deportivos?

Sí, ambos son consumidores de ropa deportiva.

Además, ROPA HECHA CON AMOR cuenta con un componente pedagógico, que resulta interesante para los centros educativos. Cuando lo presentamos en los colegios les explicamos que las prendas que ofrecemos materializan los valores asociados al Comercio Justo y al consumo responsable. Les informamos acerca del funcionamiento actual de la gran industria textil, les hablamos de la compra de las equipaciones como un gesto de transformación hacia una sociedad más crítica, solidaria y comprometida.

¿Cómo está siendo recibida vuestra ropa por parte de los consumidores? ¿La acogida está siendo positiva?

Algunas de las prendas deportivas de Comercio Justo elaboradas por los Talleres de Nazaret

El proyecto gusta mucho cuando lo presentamos. Comenzó como un proyecto de cooperación al desarrollo para convertirse en un proyecto de sensibilización y educación, que da pie a hablar sobre las desigualdades existentes entre países productores y países consumidores, los derechos de las personas, el consumo, el movimiento de comercio justo, los valores asociados al deporte, a la educación etc. Podemos decir que la acogida es buena. El colegio Sagrada Familia en Alicante lleva años colaborando con el proyecto, comprando polos de algodón. Otro ejemplo es el de Sagrada Familia en Salamanca, que este año estrenan 100 equipaciones de fútbol de comercio justo. De todas formas, nos queda mucho trabajo por hacer en cuanto a sensibilización- comercialización.

En nuestra sociedad, ¿qué crees que aporta el Comercio Justo?

Veo el comercio justo como un proceso de transformación social y económica, que podemos impulsar a través de nuestro consumo, eligiendo productos de comercio justo, que respetan a las personas y a nuestro entorno. Es una actitud ante la injusticia.