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Javier Pradini es el director del grupo Emaús Fundacion Social, la organización que abrió la primera tienda de Comercio Justo en España, en 1986. En la entrevista nos cuenta cómo fueron esos inicios y su trayectoria posterior.

¿A qué se dedicaba Emáus en sus inicios?

Tradicionalmente Emaús se ha dedicado a la recuperación de muebles, textiles y otros objetos del hogar con la finalidad, por un lado, de evitar que acaben en la basura y como una denuncia de lo que supone el despilfarro de la sociedad de consumo. Y por otro lado, para dar oportunidades de empleo a personas más desfavorecidas. De hecho es una actividad que se desarrolla en 36 países a lo largo de cuatro continentes y que nosotros iniciamos en el año 80 en Rentería (Guipuzcoa).

¿Cómo surgió la idea de trabajar en Comercio Justo?

En aquella época nosotros vivíamos en comunidad y todos los excedentes que generábamos de la actividad, además de para mantener la villa, se destinaban a proyectos sociales.

En una de las reuniones que tuve con Emaús en Europa conocí otras iniciativas y vi que había una nueva forma de trabajar en relación con los países del Sur. Era lo que se conocía como Comercio Justo.

Así que me fui hasta Finlandia, visitando diferentes grupos y así fuimos conociendo otra forma de ayudar a lo que entonces se llamaban países del Tercer Mundo, que nos parecía que era un modelo más de tú a tú, de cooperación y no una asistencia que generaba dependencia. Por ello decidimos destinar, en aquella época, como un millón de pesetas a comprar artesanía a grupos que hacían de distribuidores en Europa, concretamente en Holanda y nos decidimos a abrir una tienda de Comercio Justo.

Creo que tuvisteis que repetir ese primer viaje, ¿no?

Sí, esa buena intención tuvo su anécdota. En nuestro primer viaje fuimos con una furgoneta a adquirir los artículos que pensábamos podían ser susceptibles de ser comercializados en la pequeña tienda que íbamos a abrir. Después de un largo viaje, llegamos a la frontera en Irún a las tantas de la mañana y sin saber cómo funcionaba todo el tema de papeleos, de entrega de documentación y esas historias, nadie nos paró y seguimos. Llegamos a la comunidad, estábamos cansados así que decidimos descargar el género al día siguiente. ¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando descubrimos que nos habían robado todo lo que habíamos traído!

Nosotros ya teníamos la tienda prevista para abrir, la decisión tomada, así que pensamos “¿y ahora qué hacemos?” Entonces, pudimos ahorrar otras 800.000 pesetas de la época para volver a hacer otro viaje un tiempo después y traer el género.

Aparte de ti, ¿cuántas personas estabais implicadas en esta iniciativa?

En aquel momento en el grupo estábamos unas 12 personas.

¿Le pusisteis algún nombre a la tienda?

Cuando abrimos la tienda le pusimos de nombre “erein”, que en vasco significa sembrar. El anagrama o logotipo que utilizábamos era una parte del globo terráqueo con unas espigas de trigo.

Al principio solo teníais artesanía, ¿verdad?

Si, en aquella época todo el tema de alimentación no estaba desarrollado, así que fundamentalmente vendíamos artesanía, vestidos y algunas figuras decorativas, que en esa época llamaban la atención y tenían su salida. Después con el tiempo hemos visto que esto se ha extendido mucho más, es más fácil adquirir este tipo de productos porque la gente viaja más, y creo que se ha devaluado un poco el valor que tenían esos productos que se hacían artesanalmente. Hoy en día el Comercio Justo está centrado básicamente en la alimentación, que por otra parte es algo lógico.

¿Cómo fue la acogida del público?

En ese momento nadie lo identificaba con lo que hoy conocemos que son los principios del Comercio Justo. Lo que veía la gente era un proyecto de solidaridad en el que se apoyaba a países del Sur. Los comentarios más habituales eran “¡qué cosas más bonitas traen que por aquí no se ven!” Lo que tenía más atractivo eran los elementos decorativos y los textiles en general. En aquella época resultaban novedosos porque eran telas de algodón con unos diseños más llamativos de lo que estábamos acostumbrados a ver aquí en San Sebastián o en el País Vasco.

¿Cómo disteis a conocer la tienda?

A través de las actividades que organizábamos difundimos el proyecto de la tienda de Comercio Justo. También dimos bastantes charlas en aquella época.

Resultaba novedoso y positivo sobre todo porque establecía otro tipo de relaciones con las contrapartes, con los países del Sur.

Hoy, 30 años después, ¿qué ha cambiado en la tienda y qué es lo que se ha mantenido desde el principio?

Ha habido mucho cambio en cuanto a los productos de Comercio Justo después de ese primer boom que tuvimos. La verdad es que en ese momento funcionaba bien, incluso hacíamos las compras directamente a los productores, no utilizábamos distribuidores de Comercio Justo, sino que contactábamos directamente con los productores de países del Sur. Lo que ocurrió es que fue dejando de ser novedad y de resultar algo tan original, y al trabajar a pequeña escala porque no podíamos hacer grandes compras, los precios ya no eran tan asequibles.

En nuestra trayectoria como entidad fuimos organizando el tema del Comercio Justo y vimos que había productos cuyo origen no eran países del Sur, que se podían producir aquí con los mismos principios del Comercio Justo y que también entendíamos que era una forma de apoyar otro tipo de relaciones comerciales. Hoy en día estamos más en ese ámbito, aunque compatibilizamos los dos.

¿Por qué habéis seguido apoyando el Comercio Justo?

Nos parece que los principios del Comercio Justo deben ser la base de cualquier tipo de relación comercial entre partes, da igual que sea con el Sur, con el Norte, en el mismo Sur o en el mismo Norte. Defendemos los salarios dignos en función de las necesidades básicas, defendemos temas de autogobierno y cooperativismo, defendemos también la igualdad de la mujer en los procesos productivos y organizacionales, y todo ello fundamentalmente desde el respeto.

Nos parece que es algo que debe permanecer, que no es una moda pasajera, sino que hay que seguir peleando por ello porque si miramos a nuestro alrededor las relaciones económicas no se basan precisamente en el Comercio Justo.

Nosotros muchas veces hemos dicho que todo el comercio debería ser justo.

¿Cuáles serían los principales retos del Comercio Justo para los próximos años?

Yo creo que habría que recuperar protagonismo por parte de las entidades sin ánimo de lucro que mayoritariamente han estado defendiendo un modelo de actividad, frente a ese “apropiacionismo” que se va viendo por parte de entidades comerciales que lo incorporan muchas veces para lavar su imagen.

Creo que otro de los retos es establecer relaciones sólidas entre los diferentes niveles en la cadena de valor. Y también debemos ser ingeniosos, tener otros artículos, otros productos en los que podamos incorporar el tema del Comercio Justo porque si no se quedará en algo simbólico, folklórico.

Es necesario también adoptar el concepto de soberanía alimentaria como criterio básico. No podemos imponer unos modelos de producción o la producción de determinados productos en base a ciertas comercializaciones que no favorecen los desarrollos locales sino que solo están orientados a la exportación. Ese también es un análisis que deberá hacerse desde el Comercio Justo.

Para celebrar los 30 años estamos utilizando el lema “Soy Comercio Justo”. Si tuvieras que explicar brevemente por qué eres Comercio Justo ¿qué dirías?

Las relaciones que me gustaría que tuvieran conmigo son las que yo tengo que aplicar para los demás. Yo recuerdo una asamblea de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo en la que estaban invitados unos productores nicaragüenses. Y ellos muy gráficamente decían “lo que es bueno para el ganso, es bueno para la gansa”.

Así que yo diría yo soy Comercio Justo y todos deberíamos ser Comercio Justo porque marca unos principios y unas reglas de juego diferentes a las habituales o convencionales.

¿Te gustaría aportar algo más?

Me gustaría destacar ese trabajo que se llevó a cabo inicialmente por parte de pequeños grupos desde una fuerte convicción. Fruto de ese esfuerzo, que muchas veces quedaba invisibilizado porque no tenían la resonancia de otras actividades o de otros sectores, se han conseguido muchos avances. Se han conseguido apoyos al Comercio Justo, se ha incorporado en diferentes normativas y podemos decir que hoy en día el Comercio Justo es un concepto que suena y no como algo pasajero sino para quedarse. Quiero agradecer a todas aquellas personas que desde sus inicios han contribuido a que esto sea una realidad.