Artículo publicado y difundido a través de Europa Press en marzo 2014

A menudo, determinados hechos saltan a los medios de comunicación poniendo de relieve, una vez más, las realidades de pobreza y exclusión en la que viven cerca de mil millones de personas en todo el mundo. El derrumbamiento del edificio Rana Plaza de Bangladesh, el drama de inmigrantes que arriesgan su vida para llegar a Europa o a Estados Unidos, la explotación laboral infantil en plantaciones de cacao, café o azúcar, etc. Ante ello, muchas personas se sienten interpeladas y se plantean si podrían hacer algo para evitarlo. Es cierto que son muchas y complejas las causas de la pobreza y la desigualdad global. Una de las principales es el sistema económico y comercial imperante ya que genera concentración de la riqueza, condiciones de trabajo inhumanas e inseguras, salarios míseros que no alcanzan para mantener una vida digna, explotación laboral de niños y niñas, y deterioro del medio ambiente que a menudo hipoteca las tierras para el futuro.

Ante este modelo global, las organizaciones de Comercio Justo recordamos que los consumidores podemos ejercer nuestro poder para cambiarlo. Por ello, ofrecemos cinco consejos para todas aquellas personas interesadas en realizar otro tipo de consumo que favorezca un mundo más humano y sostenible para todos y todas:

  1. Optar por productos de Comercio Justo: estos se pueden encontrar en las tiendas especializadas (www.comerciojusto.org/tiendas), o en otros establecimientos donde se pueden identificar con el sello de certificación Fairtrade o con el logotipo o indicativo de la Organización Mundial del Comercio Justo en la etiqueta.
  2. Elegir productos que ofrezcan garantías de producción justa, sostenible y ecológica en los que el consumidor conoce el proceso de producción.
  3. Informarse de cómo y dónde ha sido producido un determinado artículo, y en qué condiciones se ha hecho. Si el etiquetado no ofrece esta información o dónde encontrarla, lo adecuado es consultarlo en los propios establecimientos. Cada vez más, las empresas y marcas son sensibles a las opiniones y percepciones de los consumidores.
  4. Recordar que, a menudo, “lo barato sale caro”: la mayoría de los artículos tienen a sus espaldas una larga cadena de producción, por lo que un precio demasiado barato es muy posible que esconda explotación laboral o condiciones de trabajo inhumanas.
  5. Consumir responsablemente implica consumir aquello que se necesita, pese a que el mercado incita a hacerlo de manera compulsiva. Reutilizar productos, o arreglarlos en lugar de comprar uno nuevo o el trueque son opciones interesantes y necesarias a tener en cuenta para disminuir el impacto medioambiental o la producción a un ritmo y un volumen vertiginosos.
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