Quedan 7 años para alcanzar los compromisos de la llamada Agenda 2030.

2023 queda a mitad de camino de la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que fueron firmados hace 8 años (en 2015) y cuya meta está fijada para 2030.

Un proceso que se ha visto salpicado por la pandemia de la COVID-19 y la guerra de Ucrania, que aunque no es el único conflicto bélico en al actualidad, sus consecuencias económicas sí se están sufriendo en todo el mundo.

Un reciente informe del PNUD concluye que, en solo 3 meses, 71 millones de personas han caído en la pobreza, lo que supone un ritmo mucho mayor que el que se produjo en la pandemia. También el número de personas que pasan hambre ha aumentado de forma especialmente rápida en 2021, alcanzando los 828 millones de personas, es decir, 46 millones de personas más que el año anterior.

El último informe del Banco Mundial, de octubre de 2022, concluye que es “poco probable que se alcance el objetivo de poner fin a la pobreza extrema en todo el mundo a más tardar en 2030 si durante el resto de esta década el crecimiento económico no muestra tasas inéditas en la historia”

En este contexto de crisis humanitaria, social y económica, no hay que olvidar los impactos del cambio climático que cuyas consecuencias sufrimos en todo el planeta pero de manera directa los países más vulnerables y comunidades rurales, que son quienes menos han contribuido y contribuyen a generarlo.

El Comercio Justo ante los retos globales

Ante todo ello, el Comercio Justo reivindica y se afianza en sus valores y principios.

En este resumen de la conferencia que Roopa Metha, presidenta de la Organización Mundial del Comercio Justo, ofreció el año pasado, aporta las claves desde las que el Comercio Justo afronta los retos globales:

 “El Comercio Justo es el modelo más adecuado para nuestros tiempos”

“La cultura actual dominante perpetúa la pobreza, la discriminación y las crisis cíclicas. Somos conscientes de que las grandes empresas trabajan con un objetivo de maximizar sus beneficios, con un impacto que a menudo ignora las consecuencias destructoras de sus decisiones sobre las vidas de las personas y el medio ambiente.

¿Qué necesitamos? Un cambio sistémico, necesitamos una transformación económica, un cambio de paradigma de la medición del bienestar y del crecimiento.

El Comercio Justo ha demostrado ser un modelo comercial viable que está hallando el lugar que le corresponde en las economías emergentes y que da el lugar que merece a la gente y al planeta, y no a los beneficios de manera preponderante. Este modelo es el más adecuado para nuestros tiempos.

El Comercio Justo ha demostrado que contribuye a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente a los referidos a la disminución de la pobreza y el hambre, al avance en la igualdad de género, al trabajo digno, de la disminución de las desigualdades, a favorecer patrones de producción y consumo sostenible, y a combatir el cambio climático.

Hay muchas historias humanas entre nuestras organizaciones que demuestran que es posible superar los desafíos, que han conseguido hacerse más fuertes y eso hace que nos reforcemos en nuestra visión, en la necesidad de impulsar este modelo y estos principios”.

(…)

“Es necesario entrar en la cultura del cuidado”

“Tenemos que unir a mucha más gente al movimiento del Comercio Justo. Si queremos cambiar la narrativa, si queremos este cambio de paradigma, necesitamos salir de la cultura dominante y entrar en la cultura del cuidado, en una cultura en la que la naturaleza y las personas estén en el centro; debemos ir en esta línea tanto las personas a nivel individual como las empresas y los gobiernos”.

“Un lenguaje común”

“El Comercio Justo no puede trabajar aisladamente, debe formar parte de un movimiento más amplio, debe implicar a otros actores, a la ciudadanía, a consumidores/as y, muy importante, a los responsables políticos.

Necesitamos buscar un lenguaje común entre quienes trabajamos por la justicia social ambiental y comercial”.

“El papel de los consumidores y consumidoras”

“Yo estoy segura de que hay una gran cantidad de consumidores que quieren consumir con conciencia, especialmente después de la pandemia donde hemos tenido tanto tiempo para reflexionar. Su papel y su influencia son enormes. Las grandes marcas se convertirán en más ecológicas y más responsables socialmente si los consumidores/as así lo demandan”.

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