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¿Cuál es el trabajo de su organización?

La Coordinadora Ecuatoriana de Comercio Justo está constituida legalmente hace un año. Agrupa a varias organizaciones de base formadas por unas 8000 o 10.000 personas. Somos productores de banano, café, cacao, quinua y hierbas medicinales.

 ¿Qué problemáticas viven los productores de su país?

La mayoría de los productores en Ecuador comercializan sus productos (papas, habas, bananos…) a través de los intermediarios que son quienes en realidad se enriquecen. El pequeño productor además de no recibir un precio justo, se siente descontento. Esta situación desfavorable obliga a muchos a emigrar a la ciudad. Al dejar el lugar, su propia tierra, hay una pérdida de identidad, y en ocasiones genera graves problemas sociales. Por eso, una de nuestras finalidades es mejorar los precios y evitar esta migración.

 Por otra parte, con la agricultura convencional hemos denigrado la tierra utilizando químicos sin control.

No sabemos ni siquiera el daño que esto puede causar al ser humano. Sin embargo, todas nuestras organizaciones realizan producción orgánica y contamos con esa certificación.

 ¿Cómo ha sido el desarrollo de estas organizaciones desde su origen?

Nosotros no tenemos una cultura empresarial pero sí de asociacionismo. En esto nos hemos basado para fortalecer a las organizaciones y consolidar el trabajo conjunto, basado en la ayuda mutua.

 Hasta ahora nosotros entendíamos que el empresario era un hombre que tenía mucho dinero.

Ahora nosotros somos organizaciones pero con tendencia empresarial. Esto ha sido todo un reto, un aprendizaje para personas como yo que no hemos tenido una formación empresarial.

Ha habido otras organizaciones que nos han apoyado en este proceso, de manera que hemos podido fortalecer nuestra organización. Para nosotros, este apoyo constituye el verdadero desarrollo humano.

Por otra parte, una de nuestras organizaciones se encuentra en la región del Chimborazo, una zona indígena que ha sido muy marginada y en la que no se ha tratado al indígena como un ser humano. Nos hemos dado cuenta de que lo importante es hacer visible el saber ancestral de este pueblo. Es fundamental visibilizar el aporte del indígena al que muchas veces se le ha ayudado desde el paternalismo, en el sentido de “trabajar para el indígena”. Nosotros en nuestras organizaciones lo que queremos es resaltar nuestras propias potencialidades y valores, como por ejemplo, la relación hombre-naturaleza que conocemos mucho ya que para nuestro pueblo el respeto a la pacha-mama (madre tierra) es fundamental.

 ¿Para ustedes qué supone el Comercio Justo?

Es nuestra forma de salir de la pobreza. Nosotros entendemos que la pobreza no es sólo económica, es también de mentalidad. Por eso hay que cambiar de actitud, no hay que pensar que somos pobres, estamos al margen y por eso tenemos que esperar las  dádivas de alguien. Nuestro país tiene muchas potencialidades y recursos, y nosotros también las tenemos. Tenemos el deseo de salir y de ofrecer al mundo productos de calidad y que sean buenos para el consumo del ser humano.

 ¿Qué aspecto del Comercio Justo destacaría como el más beneficioso para ustedes?

Con el Comercio Justo se hace visible el trabajo de los productores y, por tanto, se eleva su autoestima. De esta manera, no es sólo un productor, es alguien que genera cambios, que busca la superación personal y de su comunidad. Esto es bueno para el cambio de un país.

 ¿Qué mensaje te gustaría dar a los consumidores de nuestro país?

Yo le diría que deben comprar productos “sanos” para el ser humano y para el planeta. No tienen que comprar productos de Comercio Justo por lástima sino porque es una responsabilidad de todos. Nosotros estamos en otro continente pero también luchamos por conservar y defender nuestro planeta. Nuestros productos están elaborados de manera responsable y por lo tanto tienen mucha calidad.