Merling Preza es nicaragüense, productora de café y actualmente vicepresidenta de la CLAC, una extensa red latinoamericana que agrupa a más de 800 pequeñas organizaciones productoras de Comercio Justo. En esta entrevista nos cuenta los cambios que genera el Comercio Justo en aspectos como el desarrollo económico, la equidad de género o la protección de la infancia, y los retos a los que se enfrentan.

Hablamos con ella con motivo de su visita a Madrid para participar en el Encuentro de Ciudades por el Comercio Justo organizado por IDEAS.

¿Que es la CLAC?

El nombre de CLAC significa “Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de pequeños productores y trabajadores de Comercio Justo”. Es una red de organizaciones productoras, trabajadores y trabajadoras. Nuestro principal rol es la representación y la defensa de los intereses de nuestros miembros. Agrupa a 826 organizaciones de Comercio Justo en las que trabajan más de 350.000 personas.

¿Que tipo de productos elaboran las organizaciones de la CLAC?

Tenemos unos 24 productos, los principales son el café, la banana, el cacao, la quinoa, la miel, las frutas frescas y secas…desde nuestra red proveemos más del 84% del café de Comercio Justo de todo el mundo, y en caso del banano el 94%.

¿Cuándo nació y cómo nació la CLAC?

Nació en el 1996. Al principio nació en el ámbito del café, después hubo un proceso de integración de las redes de otros productos. Nace por la representatividad ante el sistema de certificación Fairtrade. Una de nuestras preocupaciones desde siempre ha sido que nuestros productos accedan al mercado en condiciones justas, pero también que en el movimiento Fairtrade se escuche la voz de los productores, porque en Comercio Justo hablamos de empoderamiento y el empoderamiento es tomar decisiones y participar. Como todo sistema, es cambiante y nuestra obligación es ser los guardianes de los principios y valores del Comercio Justo en relación a las pequeñas organizaciones productoras y sus  trabajadores.

¿Cuál es el aspecto del Comercio Justo que más beneficia a los productores y productoras?

Yo creo que es un conjunto de aspectos, no puedo decir que uno es mas importante que otros, pero a diferencia de otros modelos, el Comercio Justo tiene un precio mínimo, y por tanto el productor puede saber cual va a ser su ingreso.

Por otro lado, está la prima social que permite invertir en el desarrollo de las comunidades y en mejorar las condiciones de vida de las comunidades donde estamos las organizaciones certificadas por Fairtrade.

Pero lo que también tiene mucho impacto es el cumplimiento de los estándares, que están definidos para que seamos mejores organizaciones, más democráticas, transparente, para que transfiramos los recursos pero además para mejorar la calidad de vida de la gente.

Esto te lleva a cuidar el medio ambiente, cuidar de la infancia y lograr la equidad. Por tanto es  el conjunto de normas y principios que tenemos en Comercio Justo lo que finalmente nos hace mejores organizaciones.

Y en relación a la igualdad de género, ¿cómo se trabaja el hecho de que las mujeres se incorporen a todas las tareas o a los órganos de dirección? Será todo un proceso…

Sí, nosotros tenemos tres ejes transversales de trabajo, uno de ellos es la equidad de género. Aquí trabajamos a través de políticas de género, cada organización tiene su política de género, las coordinadoras nacionales tienen sus políticas de género y CLAC como tal también la tiene. Están en coherencia las unas con las otras.

Trabajamos de acuerdo a las condiciones de cada organización y de cada país respetando culturas y procesos. En algunas estamos trabajando especialmente la parte de formación y liderazgo y el empoderamiento para que las mujeres participen. En otras es básico el tema de autoestima de la mujer y la economía de los cuidados. Y en otras trabajamos la parte de empoderamiento económico que va desde la mujer que ya es productora para que pueda acceder al mercado, que pueda tener financiación hasta el acceso a la tierra para quien no la tiene.

También promovemos la inclusión de las mujeres en las organizaciones como miembros activos y en los órganos de dirección.

Todo esto se desarrolla en diferentes niveles porque, como decía, somos más de 800 organizaciones con distintas formas de trabajo, distintos retos, pero en todos los casos intentamos que la equidad de género sea uno de nuestros ejes transversales.

¿Se van viendo cambios?

¡Claro! Aún así son procesos y hay más logros en unos países que en otros. Impulsamos que se implementen las políticas, que no sean documentos que se quedan guardados, impulsamos que los proyectos que se hagan con las primas sociales se dirijan al trabajo con mujeres y poco a poco se va viendo que las mujeres logran espacios en las juntas directivas de las cooperativas de base, en las organizaciones centrales, en la misma CLAC… poco a poco.

En el personal de CLAC también nos enfocamos mucho en promover a las mujeres y los jóvenes, tratando de hacer equilibrio y demostrando resultados con la práctica. Tenemos resultados, en Nicaragua por ejemplo tenemos muchas gerencias en manos de mujeres, presidentas, y también en otros países.

¿Nos podría contar algún caso en concreto? Usted misma, sin ir más lejos, es un ejemplo de todo ello

Sí, yo soy gerente de PRODECOOP y productora de café. Pasé por diferentes espacios de la organización, he sido presidenta de la CLAC y ahora soy vicepresidenta. Soy también presidenta de la Coordinadora nicaragüense de Comercio Justo. Ahora mismo estoy en la junta directiva de Fairtrade Internacional y de Flo-cert.

Así dicho parece medio sencillo pero ha sido toda una carrera trabajando en función de los intereses de los pequeños productores en los distintos ámbitos. Y, claro, eso se tiene que lidiar con lo que decimos siempre en temas de equidad de género, con tener una familia, yo tengo 4 hijos y 7 nietos. En nuestros países eso es mas fácil si tienes el apoyo de tu familia y yo lo he tenido.

En aspectos concretos, por ejemplo en mi cooperativa además de implementar en general la política de genero con seriedad porque es transversal y es un eje central de nuestro trabajo, también trabajamos proyectos de salud, por ejemplo de prevención de cáncer cervicouterino, y de atención a la mujer, porque son cosas que se descuidan. Podemos decir “vamos a producir café”, qué bonito, pero hay mujeres que mueren por estas enfermedades y debemos trabajar en esto.

Tenemos también un fondo de tierra para mujeres que no tienen tierra y contamos con lideresas de campo, como Alexa Marín que es una compañera que trabaja en su parcela, es madre soltera, ella ha sido líder de su organización y miembro de nuestra junta directiva. Ella trabaja un café especial y lo vende como café especial con un comprador en Estados Unidos.

Casos así tenemos muchos, casos que demuestran que sí se puede.

También hay cooperativas que trabajan café femenino, café solo cultivado por mujeres, hay cooperativas formadas solo por mujeres…es decir que en el marco de CLAC tenemos de todo, muchos éxitos pero también muchos retos.

Tenemos retos, como la violencia en el campo, la falta de acceso de salud a las mujeres o la falta de acceso a los bienes porque compartir pobreza es medio complicado.

Un pequeño productor tiene 1’5 o 2 hectáreas, y, claro, partir esa 1’5 hectárea queda más pobre, por eso tenemos un enfoque de trabajo en familia, en el que todos los miembros de la familia tienes iguales derechos y para que la mujer puede desarrollarse.

Hemos tenido dificultades en todo esto porque requiere de recursos. Tenemos que trabajar por el medio ambiente y la equidad de género, trabajar por los niños y, claro, la cadena de café te da para una cosa, da para la comida de la gente y para mejorar lo básico.

Por eso ahí utilizamos la prima social como un recurso adicional que nos permite implementar todos estos programas de género, medio ambiente e infancia.

Otro aspecto importante en el Comercio Justo es la lucha contra la explotación infantil, ¿cómo lo abordáis?

Estamos trabajando en eso que para nosotros es un reto porque hay una diferencia entre educar al niño alrededor de lo que significa la tierra, el valor de la tierra, el amor al trabajo porque si no nos vamos aquedar sin gente que trabaje el café o el cacao… las nuevas generaciones deben  trabajar en conjunto con nosotros para seguir haciéndolo.

Nuestro reto es la educación del niño y la familia, definir dónde termina la parte educativa y dónde empieza la explotación laboral infantil. Tenemos políticas de trabajo infantil para evitar la explotación laboral pero también enseñamos cómo se debe trabajar el café más fácilmente pero siempre cuidando que los niños no sean explotados. En este sentido también tenemos una política de cómo denunciar este tipo de casos.

Por todo lo que cuenta, ustedes afirmarían que es posible hacer un cambio de modelo económico

Nosotros lo creemos firmemente pero para ello es necesario hacer alianzas, solos no se podría hacer, ni siquiera el movimiento del Comercio Justo en solitario. El Comercio Justo es una herramienta que ayuda a este cambio pero todos debemos aportar, la sociedad en su conjunto, los gobiernos, todos tenemos que enfocarnos a hacer otro modelo económico, un modelo basado en la justicia.

Usted, como representante de productores y productoras de América Latina, ¿qué le diría a la población consumidora de nuestro país?

Yo siempre digo que detrás de cada taza de café hay una familia, cuando tomas una taza de café de Comercio Justo estás aportando para mejorar la vida de una familia. Es un mensaje sencillo pero que lleva detrás todo esto de lo que hemos hablado. Además, es un intercambio de calidades, es decir “yo te doy un buen producto y tú me das un buen precio para tener una mejor calidad de vida”.